domingo, 8 de marzo de 2009

El retorno de las Políticas Públicas.


Llego el momento de las políticas públicas. Harold Lasswell, quien de manera visionaria abogo –desde los albores de los años cincuenta del siglo pasado- por la necesidad de crear una disciplina científica multidisciplinaria, multimétodo e interesada no solamente en el contexto general sino también en el resultado de las diversas opciones de política.

Lasswell insistía en que “una orientación hacia las políticas” de alguna manera rebasaría las especializaciones fragmentadas y podría incidir en la construcción de una ciencia social unificadora.

Esa perspectiva “lasswelliana- que hoy juzgamos tan prodiga y visionaria en nuestros días- no estuvo exenta de fuertes criticas en la década de los sesenta y los setenta dada la simbiosis del conductismo y humanismo (fe ciega en una anhelada predicción cual solución óptima), pero que al final de cuentas quería responder al ideal de la búsqueda de soluciones a los problemas que enfrentan las sociedades, máxime allí donde la democracia y la democratización deberían encontrar abono fértil para buscar el bienestar general en concubinato con la libertad.

No sé si se confundió libertad con libertinaje económico o con ese capitalismo salvaje como lo definió Juan Pablo II.

Como estaríamos hoy si el Estado no hubiera intervenido los mercados en los EEUU y en Europa, salvando a grandes empresas y bancos con el dinero de todos los contribuyentes, supongo que la economía global ya hubiera tocado fondo de una manera impactante.

La renovada modalidad de intervención estatal –encubada en los albores de la década de los ochenta- se ha convertido en una encrucijada para quienes vaticinan la desaparición del Estado en beneficio del mercado. Si bien no deseo introducir aquí el debate sobre la disputa ideológica “mercado o estado” –discusión la más de las veces desbordada por una delirante pasión retórica- cabría pensar si más bien en lo que hemos avanzado no es en menos Estado sino más bien en una modalidad diferente de intervención estatal

Por eso no es de extrañar como incluso Lindblon le asigne a los mismos empresarios privados una categoría de “segundos servidores públicos”, tratando con ello de exaltar los múltiples engarces que en materia de políticas se efectúan entre agencias de Gobierno y la esfera privada, tales como la prestación de servicios públicos o la realización de obras públicas en las que participan entes no gubernamentales.

Las instituciones públicas tienes hoy en día nuevos mecanismos de relación con los agentes privados y por eso no son nada sorprendentes las vinculaciones novedosas que con la empresa privada se han realizado. Agentes privados realizan muchas funciones –otrora de ejercicio exclusivo de entes estatales- afectando a toda la sociedad aunque ellos no sean gubernamentales en su esencia (vg. Producción de electricidad, venta de gas, construcción de vías públicas, transporte público, telecomunicaciones con la nueva apertura, gestor de puertos, si se logran dar en concesión, administrador de cárceles, que por cierto fue un intento frustrado, etcétera).

Además una redefinición de los sindicatos tan satanizados, ya que ellos son parte de la solución y no son parte del problema como bien lo ha definido el presidente Barack Obama.

Debemos remozar nuestra democracia y no pensar si es más o menos Estado, sino un Estado que sea eficiente en políticas públicas y no dejar a la libre las decisiones de personas, que al final son unos pocos, que intervienen en las finanzas de las empresas, en las bolsas de valores y toman decisiones erróneas que al final han traído la quiebra de múltiples empresas, dejando en la calle a millones de personas y vemos desconcertados un futuro incierto en el concierto de las naciones.

Créditos: Entrevista a mi estimado amigo Mtro: Allan Abarca Rodríguez.


En contraparte a mi escrito Andrés Pozuelo nos agrega:

Libertad de elección a todo nivel, educativa, de consumo, de culto, de acceso a propiedad, de pensamiento, de expresión, de asociación etc.

El libertinaje se da, cuando el estado interviene con un exceso de leyes, reglamentos e intervención mercantilista, que termina menospreciando el verdadero estado de derecho y aumentando los costos de transacción, sin que esto genere una verdadera transparencia.

Estaríamos mucho mejor. Las intervenciones lo único que han hecho es dormir al sistema bancario y empresarial, y generar una falsa expectativa de solución por parte de los gobiernos, lo cual esta adormeciendo a la gente.

Las crisis deben de ser oportunidades para que el sistema se limpie y se auto-organice. Los políticos no tienen la capacidad para organizar nada.

Yo no creo que exista una nueva modalidad de estado grande que nos sirva, lo que debemos es de buscar es un ambiente donde el individuo en familia y en comunidad sean el centro de todo y no el estado. El estado siempre va a ser algo totalmente lejano al sistema emocional del ser humano. Un país debe de ser una red de individuos y comunidades actuando en sincronía. La intervención estatal solo rompe esta sincronía a base de burocracia y manipulación política y un falso patriotismo.

Mi patriotismo comienza y termina en las urnas, pero mi humanismo continua sin fronteras nacionalistas o comerciales.

La solución a problemas colectivos puede tener muchas formulas, pero un estado grande, centralista y burocrático, no me parece.

Los sindicatos son parte del problema porque sus líderes terminan siempre representando sus intereses personales y no los de sus miembros a largo plazo.

Yo sí creo en la libertad que emerge de un sistema democrático lo más participativo posible. Las instituciones mercantilistas y protegidas las crean los políticos que se aprovechan de la democracia representativa y la débil participación de de los ciudadanos.

Fabián Volio nos agrega:

Los gobiernos de Costa Rica deberían tener una política pública para cada tema. Con ello se sabría por qué se hace lo que se hace y se rechazan otras alternativas.

Los partidos de oposición también deberían tener sus propias políticas públicas para hacer oposición. Así, el ciudadano sabría a qué atenerse y podría hacer con mayor facilidad su labor de fiscalización. Por ejemplo, limpiar los caños de las carreteras en lugar de construir nuevas y reparar las existentes ¿Debería ser una política pública?

1 comentario:

Anónimo dijo...

Bienvenido este nuevo post Policy, tanto las políticas públicas como la participación de sindicatos en una sociedad contemporánea es de suma importancia. En estos últimos 20 años de Reaganismo y Thatcherismo se ha demostrado principalmente en el sector financiero la importancia de la regulación y la incapacidad del sector para autoregularse como en algún momento se creyó y era el propio pensamiento del expresidente de la Reserva Federal Allan Greenspan. La necesidad de la sindicatos en cualquier sociedad contemporánea es fundamental desgraciadamente en Latinoamérica en la región más desigual del planeta han sido parte de la lucha de clases. Creo que deberían tener una función como en Alemania donde apoyen la capacitación del trabjador para así aumentar su productividad y que la empresa en su totalidad se beneficie. O como el sistema de ese país de Europa Occidental donde los trabajadores participan de las juntas directivas de la empresa. Algo que se quiso hacer aquí con la particpación sindicalistas en la junta directiva del ICE por ejemplo.